
La Palabra de Dios en el Salmo 16:1-2 dice: Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti.
Debemos tener una vida que este concentrada y que sepa muy bien que fuera de Dios para nosotros no hay bien. A la gente le es muy difícil saber que practicar para mantener el poder del Espíritu Santo en sus vidas. ¿Qué hay que hacer? Y a diferencia de muchos yo comparto algunos principios que durante mucho tiempo yo no escuche, sino que los empecé ha aprender cuando comencé a tener una vida más íntima con el Espíritu Santo y ha ver la unción seguirnos.
Hace poco mis hijos me acompañaron a un viaje, y estaban asombrados que en los aeropuertos, la gente que salía a mi encuentro se quedaba parada, me veía y empezaba a llorar, y eso es por el Espíritu Santo. Mis hijos se me quedaban viendo y no sabían que hacer en ese momento. El Espíritu Santo nos unge y nos acompaña, y hemos tratado que todo el mundo tenga esa unción, por eso es que en nuestras células y encuentros puedes ver esa unción; pero todo nació en el dormitorio cuando juntos con mi esposa buscábamos la presencia del Espíritu Santo. Ahí fue el epicentro donde comenzó todo.
Para mí no hay mayor bendición que el Espíritu Santo. Él puede bendecirme todo lo que quiera, pero sabe que mi mirada y corazón es Él, no las cosas que me da. El hecho que uno desee otras cosas no quiere decir que sean el anhelo de uno. Bendito Dios por todo lo que nos da, pero no hay vida más prospera que la vida que vive anhelando y deseando al Dios de las bendiciones más que a las bendiciones de Dios. Por eso es que a veces estás tan concentrado en lo que necesitas de Dios que no logras conocer al Dios que te las puede dar. Para ti lo importante es tu sanidad, y yo no digo que no, para ti lo importante es que tus hijos vuelvan a tú casa, para ti lo importante son los grandes problemas que tienes, eso es lo importante. Y por supuesto que son importantes, ni modo que uno no va ser afectado por los problemas que tiene, pero eso no quiere decir que otros no los tengan. ¿Crees que yo vivo ausente de problemas? ¿Crees que vivo ausente de dolores? ¿Crees que yo no pase por donde tú has pasado? Quizá he pasado por algunas cosas distintas y diferentes, pero no es como a nosotros no nos falta nada es fácil buscar a Dios. Eso no es así, yo he buscado a Dios desde pequeño. Cuando era niño pasaba tocando la puerta de las casas de mis amigos, a las siete de la mañana, para llevarlos a misa. Yo iba a buscar al Señor en medio de la separación de mis padres, en medio de que no teníamos para pagar los mejores colegios, en medio de vivir de pensionista en la casa de mis tíos, en medio de todo eso buscaba a Dios.
Debes aprender que si tu mirada se pone en el Dios que das las cosas en lugar de que este en las cosas que da Dios, Él te va poder bendecir hasta rebalsar, porque sabe que no tiene ningún problema de tener que competir con la bendición que te da. Es lo mismo que si les das una bicicleta a tus hijos y luego ya no los miras. ¿Por qué? Porque pudo más la bendición que el padre que se las dio. Pero cuando buscas y haces lo que dice el Salmo 73, no es que no necesitemos nada, eso no quiero decir que quien dijo eso puede vivir desnudo en el frío y no se muere, no come y no educa bien a sus hijos y diga: ¡Gloria a Dios! Eso no es así. Pero, ¿Cuál es el problema? ¿Qué es más grandioso? ¿Que una persona necesitada en quiebra, enferma, buque a Dios, o que alguien que este sano, sea millonario y que no le falte nada busque al Señor? ¿Qué crees que es más grande? Que aquel a quien no le falte nada este buscando a Dios. Entonces, debes saber que si tu anhelo es Dios. Él podrá darte de todo porque sabe que no compite con Él.
El Señor te puede dar de todo y todo sí y sólo sí no compite con Él. Si buscas al Señor de igual manera que cuando no tenías un buen carro que ahora que tienes uno de lujo, que cuando vivías de posada en posada, que ahora que tienes tres o cuatro casas, lo buscas igual que cuando no tenías empleo ahora que ya tienes tu propio empleo. Si eres un hombre que aun estando bendecido lo sigues buscando, eres un hombre que califica para ser bendecido por Dios todo el tiempo.
Tú le dices a Dios hasta donde puede bendecirte. Entonces no tiene la culpa la gente que le ha dicho a Dios que lo puede bendecir más, porque ninguna bendición lo aparta de Él. ¿Crees que algo malo te pueda apartar de Dios? ¿Si supieras cuántas cosas buenas te pueden apartar de Dios? ¿Que es lo que lo determina? El corazón de la persona que está siendo probada o bendecida. Tú determinas con tu corazón que pude darte y que no puede darte Dios, hasta donde puede y hasta donde no. Con tu corazón determinas hasta donde te puede dar Dios. Si tú determinaras hoy esa decisión en tu corazón de buscar a Dios por encima de todas las cosas que Dios te pueda dar.
Estoy escribiendo un libro que se llama: “Más allá que la unción”. Porque la gente busca unción, pero hay algo más allá de eso. Lo que tienes que buscar está más allá de la unción. Eso quiere decir que puedes tener unción y todavía no has llegado a donde tienes que llegar. Más allá de las riquezas, más allá de la salud, más allá del bienestar está el Dios que te lo da.
En Hechos 2:2 dice: Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.
La Palabra dice que cuando llego el día en que el Espíritu se derramó, fue de repente y que llegó del cielo. El día llega, viene del cielo y es de repente.
Y en el verso 3 dice: y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
Imagínate ese cuadro, de repente hay una llama ahí. El poder de Dios es lindo mientras que se quede escrito y no se nos manifieste, porque muchos quieren que el poder de Dios se manifieste a su estilo. Por ejemplo, las mujeres quieres que el Espíritu las toque pero que no las despeine ni que se les arruine el maquillaje. ¡Vaya que el Espíritu no pidió permiso para entrar aquel día en aquel lugar! Él solamente entró.
Imagina por un momento si el Espíritu toca la puerta del aposento del Apóstol Pedro, y él con su mente tan cerrada abre y de repente ve un torbellino que viene haciendo un gran ruido, con un montón de fuego y se va ha meter a la casa, ¿Qué crees que diría?. Jesús les dijo que esperaran a que viniera el Espíritu Santo, pero no les dijo como iba a llegar. Él sólo les dijo que iban a ser investidos de poder, pero no les dijo como llegaría el poder. Cuando llega, menos mal no le preguntó a nadie, solo prendió fuego en la cabeza de todos, no hubo quién dijera que no le gustaba y que mejor iba a otro culto.
Nosotros hemos tenido reuniones donde el Espíritu Santo cae con tanto fuego, que aunque te cueste creerlo, he visto a la gente con la piel toda roja y quemada, los vasos sanguíneos se estallan de la temperatura a la que llega la piel bajo el verdadero fuego del Espíritu Santo. Eso es así porque el poder de Dios no es un concepto, es una realidad. El poder de Dios se puede percibir y tocar si así lo deseas.
A partir del verso 4 dice: Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén, judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud.
Existen cuatro tipos de personas que aparecen en un avivamiento. Primero son los que son llenos del poder del Espíritu. La Palabra dice que hubo un gran estruendo y después, llegaron todos, curiosos a ver lo que pasó. ¿Qué hace que se junten las multitudes? El Espíritu Santo.
¿Sabía la multitud que era el Espíritu Santo o sólo oyeron el estruendo? Sólo oyeron el estruendo y estaban confusos. Los segundos son los confusos.
Ahora bien, a mí se me enseño que lo que es de Dios no confunde, pero aquí me encuentro con algo que si era de Dios y confundió. No es que lo de Dios no confunda, lo que confunde es lo que uno no entiende. Ellos se confundieron porque no entendían lo que estaba pasando y así nos pasa, de repente el Espíritu Santo va a tocar a alguien, y no va ha llegar a todos para que alguno diga: ¿Y eso qué es, me confunde? Pero que se confundan no quiere decir que eso no sea de Dios. Entonces, aparecen las personas que dicen: Si es de Dios que me pase a mí, como si ellos fueran la muestra que Dios debe escoger en el mundo para demostrar que algo es de Él. Dios no tiene necesidad de convencerte que es de Él, el Espíritu simplemente se derrama y allá tú y tu fe.
Hay mucha gente a la que le da pena invitar a otros cuando el Espíritu se derrama por lo que han de decir, pero que no te importe que van a decir de Dios, Él se pude defender sólo. Piensa en qué estará diciendo el Espíritu Santo de ti, que te avergüenzas de Él.
En una ocasión, cuando mi esposa fue llena del poder del Espíritu Santo, yo pensé que se le había bajado la presión, pero no fue así. Y cuando vi que todos se estaban riendo, estaba confuso. Y me fui a orar y le pregunté al Señor si esos no eran demonios. Él me respondió: Desde cuando los demonios dan lo que no tienen. Los demonios no pueden dar gozo si ellos viven amargados, oprimidos, tristes, afligidos. Ellos no saben lo que es reír, lo que es gozarse. Los demonios no saben lo que es una sonrisa, ellos viven bajo presión. Y en ese momento empecé a ver cuantas palabras hay en la Biblia sobre el gozo sobrenatural del Espíritu Santo, y es impresionante.
Otra vez estaba sendo con un grupo de 50 personas que era lo que tenía la iglesia en aquel entontes, y mi hijo, Juan Diego, que en ese tiempo tenía cuatro años, me miraba y se balanceaba hacia atrás y se caía de la silla. Él se volvía a subir y se caía de nuevo porque estaba lleno del poder de Dios. Y yo me preguntaba ¿cómo era posible? En ese tiempo hubo gente que empezó a confrontarme y me decía: ¿Qué más va ha dejar que suceda en la iglesia? A lo que respondía: Lo que Dios quiera, es Él quien se derrama. Dios no es un hombre, ni se manifiesta como hombre.
En el verso 7 dice: Y estaban atónitos y maravillados diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elemitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
El otro grupo de personas que están en un avivamiento son los que se maravillan de lo que Dios hace, pero nunca lo hace en ellos. En un tiempo yo pasé de confuso a maravillado. Estaba impresionando de ver lo que el poder de Dios hacía tocando a la gente. Mira multitudes tiradas en el piso bajo el poder y yo no tenía nada, ni siquiera cosquillas. En una ocasión un predicador dijo que iba a orar pro todos, y les imponía manos diciéndoles que fueran llenos. Yo estaba con los ojos cerrados y cuando los abrí vi que todos estaban tirados en el suelo y yo seguía parado.
Dentro de los confusos, yo pondría a los frustrados; porque muchas veces nos frustra ver lo que pasa a otros y que a nosotros no nos pase nada. Eso me frustra, pero nunca la frustración ha gobernados mi corazón. Ciegos miran delante de mí, personas que no podían caminar salen corriendo, una personas dio un grito y quedo sana. Sin embargo yo tuve que operarme con láser mis ojos. ¡No te enredes para vivir! Yo he visto muchos paralíticos levantarse y vivo con dolores de espalda. Ya oré, reprendí y ayuné, ya hice de todo y tengo que hacer ejercicios para la postura. Vivo con dolores que me dan ganas de llorar, pero no me frustro. Sigo orando por los enfermos, bendiciendo a la gente y creyendo en la unción del Espíritu Santo. Me interesa más la amistad con el Espíritu Santo, que lo que Él me da. Bendito Dios por lo que me da.
Una vez tuve la oportunidad de ir a unas reuniones de avivamiento por doce días. Eran dos reuniones diarias de cuatro horas al día, y yo no sentía ni escalofríos. Recuerdo que fui a traer a un joven al aeropuerto. Él iba sólo por cinco días. Cuando entramos para la puerta, en la primera butaca se quedó tirado. Pasó lleno los cinco días, no supo ni que predicaron. Él llegó y fue lleno del Espíritu Santo, así lo llevé de regreso al aeropuerto y a mí no me pasaba nada. Puede haber dicho que eso no era para todos, pero seguí insistiendo y Dios trato conmigo para poder llegar ahí.
En el versículo 13 dice: Más otros, burlándose decían: Están llenos de mosto.
En un avivamiento hay de todo; los llenos, los confusos, los maravillados y los que se burlan. ¡Ojala todos sean llenos en uno! Porque sería el colmo que todos estemos confusos o sólo maravillados, pero lo peor sería que todos nos burlemos.
Debemos recordar siempre que Dios no es hombre, ni se manifiesta como hombre. Dios no puede negar su propia naturaleza cuando se manifiesta.